Facultad de Educación y Humanidades de Ceuta

Ángel Canas (Ceske - República Checa)

Mi año Erasmus comenzó cuando me confirmaron la plaza, la vi estando en casa y no paraba de dar saltos de ilusión por toda la casa. Desde que conocí la noticia, todos mis pensamientos iban dirigidos a la gran experiencia que me quedaba por delante. Emoción, ilusión, alegría, felicidades, son algunos de los sentimientos que se vinieron por la cabeza.

 En septiembre me fui a la República Checa, concretamente a la ciudad de Ceske Budejovice, situada en el sur del país. Posiblemente nadie conocía esa ciudad, yo no tenía ni idea. Ceske Budejovice, la ciudad donde se fabrica la cerveza Budweiser. Llegué el día 18 de septiembre, sin haber mirado un mapa, si repasarme el idioma, llegué al aeropuerto de Praga sin tener idea de cómo llegar a mi futura ciudad. Conocí a mis primeros compañeros en persona en el avión de camino y ninguno teníamos idea de cómo llegar.

Cuando llegamos a la ciudad, todo era diferente. El clima, idioma, lengua, moneda, deporte rey, costumbres, etc. Cuando llegas te das cuenta de que es todo totalmente diferente y que las personas que están allí, que no conoces de nada, resulta de se convierte en tu familia y en tu mayor apoyo cuando estás mal, cuando se necesita ayuda y con quien necesitas hablar. Una vez que te acoplas a la ciudad ya todo es muchísimo más fácil. Se conoce a gente increíble dispuesta a todo, donde el idioma principal es el inglés.  Donde tu compañero de habitación se convierte en tu mayor apoyo y la convivencia es lo más importante para poder estar bien donde la habitación que compartes es más pequeña que la tienes en tu casa para ti solo. Pero nada importaba.

Después de conocer a tus compañeros, toca conocer a los coordinadores. Cuando llegas a otro país te das cuenta de la mala fama que tenemos los españoles, muchas veces cierta. Y tras comenzar el lio de las asignaturas, yo por suerte no tuve que cambiar muchas asignaturas, lo peor es que te lo firme la coordinadora porque allí pasan del tema un poco. Una vez terminado el famoso papeleo Erasmus, empezamos un curso en checo, el cual resultaba prácticamente imposible de aprender. Comienza la época de clases, todo en ingles. Mis clases eran solo para Erasmus lo que facilitaba el poder practicar ingles. Comenzaron los viajes y poder conocer esos países para mí fue algo espectacular, comer la comida de allí, conocer las fiestas de diferentes países, yo estaba como un niño pequeño.

Tras los viajes tocaba estudiar, venían los exámenes, yo me agobiaba porque mi inglés no era muy suelto y me costaba pero a base de practicar y estudiar poco a poco lo iba consiguiendo y me veía capaz de más. Es cierto, que en Erasmus todo es “más fácil”, lo pongo entre comillas porque los exámenes eran orales, delante de toda la clase, y con presentaciones. Yo no quería volver porque estaba genial acoplado allí. Pero tocó volver por Navidad. Volver me cargó las pilas para comenzar la segunda etapa con más fuerza que nunca, ver a mis padres, a mis amigos, hablar en español para hacer la compra, volver al euro, parece que son cosas simples como, por ejemplo, pedir el pan, pero cuando vas a un país donde se habla checo, creedme qué es complicado.

En enero comenzó la segunda etapa, más dura, más larga, pero con más ilusión que nunca. Volvimos a realizar viajes, comenzaba a entender más la cultura de aquel país y, sin darme cuenta, me iba acostumbrando poco a poco a comer a su hora, cenar más pronto, todo es diferente culturalmente hablando. Volvimos a realizar viajes, volvimos a salir de fiesta, y de repente, se acabó la experiencia para la mayoría de los que fuimos en septiembre. Muchos de mis amigos se fueron porque solo tenían un semestre concedido, yo por suerte tenía el año entero. Me dio muchísima pena ver como gente que se había convertido en especial para mi se separaba y no podía volver a verlos durante mucho tiempo.

Vino gente nueva y se empezó a repetir la historia, asignaturas, nuevas amistades, más viajes, clases, fiestas, locuras, etc. Al finalizar los últimos exámenes, decidí volver, sentía que mi tiempo de Erasmus estaba acabado. Decidí volver con muchísima pena pero necesitaba volver, necesitaba el calor. Sin duda, de momento ha sido la mejor experiencia de mi vida. Me siento afortunado de poder haber disfrutado de esta experiencia que es una vez en la vida y de haberla disfrutado al máximo. También me siento orgulloso de ver lo que he conseguido, me fui acomplejado con mi inglés y con algunos aspectos personales. Por suerte he conseguido superarlos gracias a esta experiencia. También me resulta increíble los países que he podido visitar, como, Rep. Checa, Hungría, Austria, Alemania, Polonia, Lituania, Eslovaquia, Estonia, Letonia y Finlandia. Países que son muy difíciles de que vuelva a verlos. En resumen, ha sido la mayor experiencia de mi vida y sin duda, volvería a repetir.

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