Facultad de Educación y Humanidades de Ceuta

Beatriz Caminero - Braga(Portugal)

Todo empieza cuando, una vez que has decidido irte de tu país, te cuentan la cantidad de sitios que tienes para elegir y haces una lista con aquellos lugares en los que te gustaría pasar 9 meses de tu vida, el idioma, a quién te puedes encontrar, como será de barato o caro, las distancia entre tu ciudad de origen y la de destino. Aunque  todo esto deja de importarte cuando solo quieres que te de alguno de estos destinos porque solo quieres que llegue ya el día de partir y empezar a vivir todo lo que vendrá

Una vez que lees ese correo donde te comunican el destino, en mi caso, Braga, Portugal, el coordinador que te ayudará a realizar todo el papeleo, y por supuesto la primera reunión a la que no puedes faltar porque son tantas cosas que hacer que hasta necesitas una libretita para apuntarlo todo, o en su defecto, hacerle fotos a todas las diapositivas que allí te ponen para no perder un solo detalle.

Hasta aquí todo parecía fácil, nos ayudaban, nos quitaban un poco el miedo con palabras de tranquilidad. Nunca pensé que un simple correo iba a ser tan resolutivo en tantos aspectos. Y después de entregar tantísimos papeles, de elegir asignaturas, de leer páginas sobre la Universidad de destino, etc. Llega el momento de irse.

Tocaba mirar vuelos, trenes, autobuses, cualquier medio de transporte para al fin llegar a Braga. En mi caso yo me fui en coche, 8 horas de carretera (menos mal que inventaron los gps). Una vez allí, había que encontrar el lugar donde me hospedaría durante un mes: El Trut Hostel, en pleno casco antiguo, es decir, en pleno centro de la ciudad. Al día siguiente tocaba ir a conocer el lugar donde pasaría muchas horas, despejando dudas e intentando solucionar aquello que ya creí hecho. Llegué a la universidad, en concreto, a la sala de Relaciones Internacionales. Antes de entrar por la puerta escuchas ese idioma que en solo 24 horas echarías tanto de menos; gente española. Aquí, en unos minutos, ya estas como en casa pues hablas con todos los que están en tu misma situación y entre todos nos apoyamos y hacemos todos los papeles en común. Después de entregar los primeros papeles ya toca despejarse y comenzar a conocer a toda esa gente con la que pasarás 9 meses, tan largos al principio y tan efímeros podría decir que al principio también.

Toca irse a tomar la primera cerveza con más de 50 personas, quieres hablar con todos, conocer a aquellas personas que serán afines ti. Y, por supuesto, empezar a practicar el nuevo idioma que debes conocer para poder comunicarte, aunque sea con la cajera del supermercado. A partir de aquí, en relación a amistades y gente, todo va rodado. En pocas horas ya todos sabíamos que íbamos a vivir muchas cosas juntos. Todas las conversaciones eran sobre lo mucho que íbamos a estudiar, los sitios que queríamos visitar, las ganas que teníamos de que llegara el momento de ir a la nueva ciudad que nos acogería con tanta amabilidad y cariño.

Los primeros meses había que conocerlo todo, la propia cuidad, que al ser tan antigua, te encontrabas Iglesias a cada esquina, algunas preciosas y otras un poco menos cuidadas. En el punto más alto de la ciudad nos encontramos con dos Iglesias preciosas, pero no solo por la Iglesia en sí, sino por todo lo que le rodeaba a estas, unos paisajes y unas vistas espectaculares. Estas son el “Bom Jesus” y “Sameiro”. En este tiempo también toca hacer la primera toma de contacto con el supermercado, ese famoso “Pingo Doce”, que por supuesto no querías ir solo de ninguna de las maneras, hacer el ridículo en grupo era mucho menos vergonzoso.

Yo después de ese mes en el “Trut Hostel” me fui a un edificio muy famoso allí, conocido como “Torre Verde”, con mucha lógica, pues era una torre de color verde. En este lugar vivíamos unos 20 erasmus, eran pisos de entre 2 y 4 personas. Allí nos juntamos todos los españoles, y los que faltaban vivían en casas de alrededor con lo que estábamos todos muy cerca. Aquello era una gran familia en un gran edificio, si te faltaba sal, azúcar e incluso un ibuprofeno, solo tenías que darte un paseo por el edificio que seguro que encontrarías lo que te hiciera falta.

Después de un tiempo de toma de contacto acabas sintiendo esa ciudad como tuya, tu lugar, ese sitio donde vives con tan pocas pocas normas y tanta responsabilidad a la vez. Allí todos los días tienen pocas horas, siempre falta algo por hacer, por ver, por probar; aunque de todo esto te das cuenta cuando ya vuelves a tu lugar de origen, a ese sitio, donde, por lo menos para mi, vuelve todo a la normalidad.

Así pues, como conclusión, una simple frase... Vive tu erasmus como se fuera el último y sobre todo, vívelo día a día.

Beatriz Caminero Rodríguez.

Grado en Educación Primaria.

Erasmus Braga, Portugal (2013/2014).

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