Facultad de Educación y Humanidades de Ceuta

Laura Millanes de Reyes (Coimbra - Portugal)

Coimbra dos meus amores

 

Nunca me había planteado irme de Erasmus. Esto era una experiencia que tenía dentro de la categoría de cosas que no estaban hechas para mí.

Sin embargo, esto cambió el día que, yendo por la facultad, vi unos carteles que decían que se iba a dar una reunión informativa relativa a la beca. Y sin pensarlo mucho, decidí ir.

Después de todo el interminable papeleo, llegó el día en el que dejaba Ceuta por primera vez para irme a una ciudad que sólo conocía por fotos.

Llegué y cuando entré en la que iba a ser mi nueva habitación fue como un jarro de agua fría. Toda clase de pensamientos negativos me invadieron. “¿Qué estoy haciendo aquí?”, “no entiendo nada cuando me hablan”, “no conozco a nadie”, “estoy sola”. Y es en ese momento, cuando te das cuenta de que ahora sólo dependes de ti mismo.

Coimbra te atrapa. Tiene ese encanto de lo antiguo, de la decadencia de esos edificios por los que han pasado los años sin piedad. Vas caminando por las calles de adoquines sueltos, admirando su vieja silueta desigual que puede verse reflejada como un espejo en el rio Mondego. Y las vistas desde la Cabra, la torre del reloj de la Universidad, tampoco dejan nada que desear.

Los primeros días fueron una locura. Gente por todos lados, diez nacionalidades diferentes en una misma habitación, conocer la ciudad juntos, fiestas, eventos por todas partes, y sobre todo ganas de conocernos los unos a los otros.

Estas personas que son unos completos extraños se terminan convirtiendo en tu familia. Comienzas a ver que da igual de donde seas, pero que todos tienen los mismos problemas que tú, las mismas inquietudes y los mismos miedos.

Cuando ya estuvimos cansados de tanta fiesta y de recorrernos cada rincón de Coimbra, decidimos recorrernos Portugal. Empezamos por las ciudades más cercanas, como Aveiro, Figueira da Foz, la visita obligatoria de Oporto y Lisboa, y terminamos organizando viajes más largos a São Miguel (en el archipiélago de las Azores) y al Algarve. Para muchos era la primera vez que organizábamos viajes por nuestra cuenta, y eso hace que tengan un valor adicional.

Rodeados de tradiciones de estudiantes, vivimos la Festa das Latas y la Queima das Fitas, en las que se celebra el bautizo de los novatos como estudiantes y el fin de la vida académica, respectivamente. No pudimos evitar contagiarnos de tanta nostalgia, ya que para nosotros supuso vivir los dos momentos en el mismo año.

Los días trascurrían rodeados de estudiantes envueltos en sus capas y en sus trajes académicos, a ritmo del fado de las tunas.

Pero al final, llega la realidad de lo que hemos venido a hacer aquí, y toca estudiar. Al contrario de lo que la gente piensa cuando alguien se va de Erasmus, a nosotros no se nos garantizó el aprobado en las asignaturas. Fuimos tratados como unos portugueses más en las clases y en los exámenes.

Poco a poco vemos como nuestro portugués va siendo cada vez más fluido. A unos se les da mejor que a otros, pero en general todos han aprendido algo del idioma. En este aspecto es donde se ve el interés real de las personas por aprender, porque mientras que unos hablan a un nivel de B2, otros siguen hablando en español a los nativos.

La vuelta en Navidad fue un shock para mí. Supuso un descenso a la realidad, una vuelta de mi vida alternativa. Llegué con una mezcla de ilusión por volver a ver a la familia (la de sangre) y pena por dejar a tu familia Erasmus atrás.

Los días siguen avanzando, grises y con lluvia continua, y con el segundo cuatrimestre llegan más cambios. Gente que se va tras acabar su beca de medio año, muchos arrepentidos de no quedarse más tiempo, y gente que llega con ganas de integrarse cuanto antes a la vida Erasmus.  

Y vuelven otra vez las fiestas, fiestas de despedida, de bienvenida, más viajes. Ya no te apuntas a todos porque ya has estado en la mayoría de sitios que van a visitar, pero si hay que repetir, se repite. Como volver a Oporto en San Juan, donde las calles se llenan de globos de aire caliente y sardinas asadas.

Conscientes de que el tiempo se nos agotaba, muchos decidimos emplear lo que nos quedaba para recorrer algunos rincones que no conocíamos. Muchos días fueron destinados a ver museos, visitar playas, etc. También estudiamos, pues para muchos sería la última oportunidad de salvar el año. A muchos nos fue mejor. Con un portugués mucho más fluido todo se ve de distinto color.

Y tras los exámenes y para cerrar el círculo que abrimos a nuestra llegada, más fiestas, aunque esta vez todas de despedida, una pena. Al menos queda el recuerdo de los momentos vividos y el contacto con aquellos que una vez fueron tu familia en un país extraño.

Después del Erasmus, olvídate de ser la misma persona que eras antes, porque esa persona se quedó atrás en el momento en el que decidiste irte. Lo que he aprendido lo llevo siempre conmigo. Lo mismo pasa con aquellas personas que, a día de hoy y con cientos de kilómetros de por medio, siguen siendo parte de mi día a día.

El Erasmus no es el lugar a donde vayas, son las personas que conoces allí y que forman tu familia.

En resumen, “el Erasmus no es un año de tu vida, es tu vida en un año”.

Si tenéis alguna pregunta que hacerme sobre Coimbra, no dudéis en contactar conmigo por Facebook. 

Laura Millanes

LauraMillanesLauraMillanesLauraMillanesLauraMillanesLauraMillanesLauraMillanesLauraMillanesLauraMillanesLauraMillanes